29 sept. 2016

Camboya: 3ª parte

Si miras cualquier guía de viajes sobre Camboya, verás que en el apartado de "clima" casi siempre te dicen que nunca viajes en septiembre porque es la época de lluvias. Y claro, yo no iba a viajar allí por motivos turísticos sino para conocer a los niños, así que época de lluvias o no, allí que me fui. Antes de irme recibí un email de Leng, la persona que era mi contacto, que me decía "Por favor, prepárate para el barro." Tengo que admitir que no iba nada preparada y que debería haber prestado más atención en mi colegio sobre lo que de verdad significaba el término "lluvias monzónicas".
cambodia
Salimos hacia el primer pueblo a las 7:30 de la mañana, lloviendo a cántaros, y nuestro valiente conductor de tuk tuk estaba hecho una sopa antes incluso de subirnos. Tuvimos que parar para echar gasolina, y aprendí que se vende en botellas de refresco viejas y que tienes que usar un embudo para echarlo en tu vehículo.

cambodia gas station
cambodia gasoline
Pronto dejamos la carretera asfaltada y entramos en un camino embarrado durante gran parte del camino, y enseguida quedó claro que el tuk tuk nunca llegaría porque no podía avanzar en el barro. El motor se recalentaba cuando las ruedas se quedaban atascadas en el barro, así que finalmente le dijimos al conductor que mejor iríamos andando hasta el pueblo.

Cambodia rainy season
Empezamos a caminar con nuestras sandalias pero en muchos sitios el barro nos llegaba hasta la mitad de la espinilla, los zapatos se nos quedaban pegados profundamente todo el rato hasta que admitimos nuestra derrota y decidimos ir descalzos.

cambodia mud
Era bastante más resbaladizo de lo que parecía, y tengo que admitir que por dentro me reía de mí misma por haber decidido vestir una falda larga para conocer a los vecinos del pueblo. Cuando llegué, estaba cubierta de barro de los pies a la cabeza. De hecho, varios de los niños se aguantaban la risa según se iban acercando y me veían los pies completamente marrones. :-)

Por supuesto nada de eso importaba cuando veías a todos los preciosos niños que nos saludaban. Leng ha establecido un pequeño programa de educación en este pueblo, ya que la escuela pública está a más de 10 km de distancia. Dados las preocupaciones por el tráfico de niños de esta zona, es demasiado peligroso que los niños recorran esa distancia todos los días, así que la única forma que los niños pequeños tienen de poder recibir una educación es si la escuela está en su propio pueblo.
En este momento hay 35 alumnos en la escuela, que es una pequeña casa de madera dirigida por una mujer.

Los niños se sientan en una gran lona verde puesta en el suelo de barro todos los días, tienen una pizarra blanca sólo, pero los niños escuchaban con mucho interés a la chica adolescente que les estaba enseñando, todos absorbiendo con gran atención lo que decía.

Todos los niños salieron a la pizarra  para demostrar que habían entendido bien la lección que les estaban enseñando.

Nosotras habíamos llevado algunos juguetes pequeños para los niños, y por supuesto yo me había traído mi inflador de globos para hacer formas animales (que viaja conmigo a todas partes). Los niños fueron muy respetuosos y cariñosos, todos esperaron pacientemente su turno para recibir sus perritos o espadas hechas de globo.

Leng me explicó que hay 100 niños que viven en este pueblo. Me dijo que con una muy necesaria ayuda, como de pupitres y de un edificio mayor, muchos más niños podrían empezar a venir al colegio. Su visión es poder proporcionar educación a todos los niños pequeños del pueblo (con edades entre 3 y 9) y así estar listos para poder ir al colegio público una vez fueran lo suficientemente mayores como para poder recorrer la distancia que los separa cada día. Tuve que pararme un momento para procesar bien lo que me estaba diciendo... que era muy peligroso para los niños ir andando al colegio... y supe en mi corazón que este proyecto tan fundamental es uno que nuestros maravillosos donantes podrían apoyar.
Cuando nos fuimos al siguiente pueblo que estaba en la dirección contraria, con la lluvia todavía cayendo a cántaros, compartimos unas risas cuando Leng (que como vecino de la zona tenía que tener mucha más experiencia que nosotras en estos resbaladizos caminos) fue el primero en caerse de bruces en el barro. Afortunadamente, con tantos charcos tamaño lago que se creaban con la lluvia a nuestro alrededor, pudo limpiarse enseguida. (No debería haberme reído porque yo también me caí entera al final del día!)

En este segundo pueblo que visitamos, Leng ha contratado, pagandolo de su propio bolsillo, a un vecino para que enseñe a los niños ya que, de nuevo, es demasiado peligroso para los niños ir andando al colegio público oficial. Este era un pueblo muy rural, sin electricidad alguna, y hasta hace poco, los niños se sentaban en rocas para atender.

Ahora han puesto un toldo muy sencillo, pero todo el pueblo sueña con poder tener una escuela de verdad para que los niños puedan recibir una muy necesitada educación. Los vecinos han donado tierras para este propósito y rezan para que alguien (¿Hola, LWB?) pueda ayudarles a hacer que sea una realidad.
 
La tierra donada
Nos lo pasamos muy bien con los niños aquí, y me gustaría haberme podido pasar el día entero con ellos.

Yo le iba preguntando a Leng sobre las edades de los niños y me quedé muy sorprendida con su desarrollo. Niños que yo pensaba que tendrían quizá 7 u 8 años tenían en realidad 12, y cuando pregunté por qué muchos niños tenían el pelo rubio, supe que por desgracia es un síntoma de malnutrición crónica que hace que el pelo se aclare y sea quebradizo.

Como muchos de los adultos de estos pueblos se marchan para buscar trabajo (muchos se van a Tailandia), los niños suelen quedarse sólos o con los vecinos, y a menudo se pasan largos períodos de tiempo sin comer. Hablamos mucho con Leng sobre la necesidad de un programa de nutrición escolar sólido, ya que aunque fuera una comida al día, eso marcaría una profunda diferencia en su salud.

Al final de nuestra visita Leng vino y me dijo que un niño de cuatro años del pueblo había sido atacado por un perro, y que la rabia prevalecía en esta zona. Por supuesto le dijimos que cubriríamos los costes médicos de este pequeño, así que Leng lo organizó todo enseguida para poder llevarle a una clínica a que lo vieran (más fácil decirlo que hacrlo dado los caminos embarrados). Pero, madre mía, QUÉ valiente era! Escuchó al médico decirle que iba a tener que ponerle una serie de cinco (ENORMES) inyecciones durante las próximas dos semanas y no hizo un ruido cuando le pusieron la primera. Qué alivio que estuvieramos allí ese día y que pudiéramos ofrecerle asistencia inmediata.

 
Definitivamente se mereció DOS coches Hotwheels por haber sido tan valiente

Ese día más tarde estuve pensando en la certeza de que había conocido dos pueblos de esta región con unas necesidades inmediatas y urgentes para sus niños. Le pregunté a Leng cuántos pueblos más como estos pensaba que habría en la zona. "Unos 50", me dijo, y se me encogió el corazón.

"Bueno," le dije, "Empecemos con estos dos... y ya veremos qué nos depara el futuro."
Cuando empezamos a trabajar por primera vez en China hace 13 años, ayudar a un niño se convirtió en ayudar a diez, que a su vez se convirtió en impactar a miles. He aprendido a nunca poner límites a lo que puede pasar cuando una comunidad de gente que se preocupa, se une y ayudan a los niños que lo necesitan.

Espero que os unáis a mí en hacer que LWB empiece a trabajar en estos dos pueblos de Camboya.

Por 8.000$ podemos construír un colegio con tres aulas.

Por tan sólo 20$ al mes, podemos proporcionar una comida caliente al día a un niño, para ayudar a reducir su hambre.
Los niños que viven en cada uno de estos pueblos necesitan educación y cuidados médicos y una buena nutrición. Ellos se merecen tener estos derechos humanos básicos. Realmente creo que cosas realmente grandes pueden pasar si nos unimos para enseñarles a estos preciosos niños lo mucho que nos importan sus vidas.

Mañana os presentaré a unas chicas muy especiales que conocí en mi viaje y que necesitan atención médica, y compartiré con vosotros la parte más dolorosa de mi viaje, algo que todavía estoy tratando de procesar.

~Amy Eldridge, Chief Executive Officer

28 sept. 2016

Camboya: 2ª parte

Cuando investigaba sobre algunos de los problemas a los que se enfrentan los niños del sudeste asiático, me encontré un libro escrito por el doctor Robert Spires sobre la prevención del tráfico de personas. El Dr. Spires es un profesor en la Universidad Valdosta State, y mucha de su investigación la ha realizado en esta zona del mundo. Fue muy amable accediendo a tener una videoconferencia conmigo donde pudo responder a muchas de mis preguntas, y cuando se acababa nuestra conversación, me dijo: "¿Te importa si te hablo de un trabajo increíble que se está haciendo para los niños de Camboya?" Y así es como conocí a Sokleng In, un joven que vive en Camboya y que es una de las personas más impresionantes que he conocido en mi vida.
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Leng y su preciosa familia

27 sept. 2016

Camboya - 1ª parte

Tengo que admitir que cuando la Junta Directiva de Love Without Boundaries decidió expandir nuestro trabajo fuera de las fronteras de China, pensar en otro lugar de Asia parecía una progresión natural. Es el mismo continente ¿no? (aún a pesar de que cada país es completamente único, por supuesto). Pero dónde de Asia seguía siendo la principal pregunta y en lo que me pasé meses investigando con cuidado. La semana pasada me vi a mí misma andando descalza por una carretera de barro hacia uno de los varios pueblos de la zona rural de Camboya donde cientos de niños me robaron el corazón.
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21 sept. 2016

Ver la vida desde su propia perspectiva: Cree En Mí de Changzhi

Hace poco, los alumnos de nuestra escuela Cree En Mí de Changzhi tuvieron un día de estudio basado en el precioso libro infantil "Diario de un Gusano."

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19 sept. 2016

Achuchando peques en el Heartbridge

La directora ejecutiva de administración de LWB, Kelly Wolfe, hizo algo hace poco que muchos de nosotros soñamos hacer algún día: visitar la Casa de Curación Heartbridge en persona y dar una sesión de mimos y achuchones a los niños.